lunes, 12 de enero de 2009

Nota en Suplemento SI de Clarín


After velorio

Nacido en Haedo, hermano de Florencia Ruiz, es tan sórdido como prolífico. Se despega de la "movida del Oeste" con canciones para... ¿un funeral?

Por: Juan Manuel Daza

Andrés Ruiz es un tipo de mirada extraña que parece tímido, parco y huidizo. Pero ni bien se cruza media palabra con él, se desvanece el velo de seriedad que cubre sus shows y aparece la confesión amigable: "Cuando comencé a ser solista me imaginé como un inventor de canciones. Ni sabía tocar la guitarra ni el piano: era baterista. No sabía nada. Nunca nadie me enseñó. Hasta el día de hoy tampoco. Pero inventaba canciones, y tenía miles".

Muchas canciones y muchas ganas: en menos de cuatro años logró tres discos tan interesantes como diferentes entre sí: Amuleto (2005), Amor ventrílocuo (2007) y Los deudos (2008). La trilogía va del puro intimismo al rock progresivo haciendo escala en un pop de cepa estrangulada por letras de fonética áspera y acordes asfixiantes.

"Los deudos es un disco súper sincero. Todos los que me conocen desde chico saben que siempre fui fanático del rock progresivo. Cuando me veían cantando las canciones de Amuleto, no entendían mucho", recuerda Andrés. Por otro carril, también es baterista de Compañero Asma y de Soledades, una banda de black metal en donde se desboca tocando a pleno doble bombo.

Las letras del señor Ruiz son tan oblicuas como su voz. Hay un empaste y una profunda gravedad que penetra cuerpo adentro, sólo como un bajo a máximo volumen puede hacerlo. "Trato de ir un poco más allá, de romper algo. Tanto la palabra como la música tienen que raspar un poco", explica Andrés. Quizás en las enfermedades respiratorias esté la clave de su obra, en la repetición, en las aliteraciones, en el desparpajo: "Eso es algo que me gusta mucho de Oliverio Girondo, mi poeta preferido, que lo vas leyendo y de repente el chabón te arruinó la vida. Me gusta mucho jugar con la imagen fuerte".

En vivo, oscila entre dos formatos: voz y guitarra (a veces sin amplificación) o un contundente trío en el que, acompañado por Alejandro Moffardín (bajo) y Lionel Fortunato (batería), el tipo del mechón blanco alterna entre la guitarra y el teclado. A veces, también se agrega al esquema Erica Villar (flauta traversa).

Ser solista y tener una banda que responda al propio ego no es fácil. "Hay una relación de respeto y amor por la música. Nos manejamos como una banda en el sentido de que cuando hay plata, hay para todos. Y cuando hay que pagar, pago yo solo", comenta Andrés y se le pianta el lagrimón.

Sin dinero, con trabajo y con dolor, se puede seguir haciendo música. Eso sí, hay que tener tiempo para digerirla y hay que encontrar la ocasión propicia. Para Andrés, por el momento, éstas son más bien misteriosas. Y allí donde uno escuche Los deudos, su último álbum, tienen que reunirse ciertas condiciones: "Hay que escucharlo once veces. Y es un disco que si lo escuchás después de un velorio va a entrar en el podio de tus top five".

http://www.si.clarin.com/2009/01/09/home/01835913.html

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